EN LA REMINGTON

Un estilo para la columna

Por: Ricardo Hernández, 05-12-2017 .

La primera vez que vi mi imagen como columnista en el Portal de Noticias por internet simplemente no lo podía creer, estaba tan emocionado pues las historias autobiográficas que había escrito tiempo atrás por fin tenían un espacio donde la gente los podía leer, luego de haber andado tocando puertas en varias casas editoras sin tener un buen resultado. Al decir de los textos fueron escritos bajo cierta inocencia, sin pretender con ello querer verme como un arrogante escritor, en realidad distaba mucho de esa idea, más bien los textos llevaban una línea específica: la literatura, ¿por qué?
En primer lugar, porque de alguna manera estaba influenciado por mi madre, que aunque no era una mujer letrada, le gustaba leer de vez en cuando revistas y libros de segunda, en varias ocasiones leyó para que yo la escuchara. En segundo lugar, era algo que comenzó a llamarme la atención, fue una adecuada manera de expresar mi pensamiento, por esa razón preferí ver en los relatos autobiográficos una excelente plataforma a través de los cuales podía decir algo.
Las historias de mi infancia, de la época de la adolescencia, de mi juventud se fueron convirtiendo en mi materia prima, por lo regular siempre tenía tema para escribir. Conforme fui sacando esas experiencias me vi obligado a mejorar, a comprender lo que estaba haciendo, porque uno de los problemas que tuve al principio fue la forma en que estaba presentando los textos, escribía demasiado, me refiero a la extensión, pues fácilmente enviaba de cuatro a cinco cuartillas por colaboración, según yo no podían ser menos debido al planteamiento de la historia, debía considerar el cómo, cuándo, dónde y por qué sucedían tal o cual hecho.
Viéndolo desde otra perspectiva, era un extraordinario ejercicio intelectual, aparte, llegué a pensar que si bien podía escribir cuatro cuartillas, fácil era, entonces, escribir dos. De eso me ocupé posteriormente, aunque no niego que batallé un poco para decir las cosas en dos cuartillas, sentí que varios detalles quedaban sin explicar.
Algunas personas que leían las historias llegaron a decirme que era muy descriptivo. De alguna u otra manera practicaba ciertos aspectos de la narración, ya que eran etapas por las que estaba pasando, era la época de la experimentación, fundamentalmente para que los textos tuvieran un “estilo” para la columna el cual buscaba, a veces, con tanta desesperación entre las lecturas de novelas, como lo fue en el caso de La tía Julia y el escribidor que tanto he mencionado a lo largo de estos textos, quizá puedo decir que si he llegado a expresarme con más soltura se lo debo a esa novela en particular, esa historia está contada justamente como a mí me gustaría poder hacerlo para mi columna.
Aunque cuando leí también la novela Pan, de Knut Hamsun, o la novela Hambre del mismo autor, dije “este es el estilo que yo andaba buscando”; de alguna manera el estilo se encontraba fácilmente entre Vargas Llosa y Knut Hamsun, me refiero al estilo en cuanto a la forma en que está contada la historia. Pareciera que es tan fácil escribir como ellos, pero sin lugar a dudas que es algo muy, pero muy difícil.
Otra de mis preocupaciones era definir si las historias debía contarlas en primera o tercera persona, eso era un punto clave para poder escribir textos con más constancia, porque la idea no era competir con nadie, ni siquiera concursar, la finalidad original de las historias era compartirlas, que la gente se enterara de mi vida, de esas épocas difíciles, de aquellas experiencias de sueños, de romances, de ilusiones.
Recuerdo perfectamente que en algunas historias mientras las escribía, se me salían las lágrimas, otras veces reía, yo mismo me asustaba porque creí me estaba volviendo loco, era una sensación extraña. Cuando le platiqué esto a un camarada, me consoló con lo siguiente: “Charles Dickens hacía lo mismo, no te preocupes por eso”. Las historias debían ser contadas en primera o tercera persona, y, por supuesto, que no tenía el conocimiento ni la preparación adecuada para contarlas en tercera persona; sin embargo, como práctica valía la pena.
El hecho de haber definido que las historias iban a ser escritas en primera persona me quitaba un gran peso de encima, por varias razones, una de ellas se debía a que yo mismo era el protagonista, por lo tanto había fuerza, emociones, sentimientos, no tenía porque darle explicaciones a nadie del por qué lo hacía de tal o cual manera, sencillamente porque era una forma natural de expresarme en ese espacio que me fue concedido en el Portal de Noticias.

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