CUARTO OSCURO

Balaceras

Por: Rigoberto Hernández Guevara, 06-03-2018 .

Vistas y escuchadas tantas balaceras los ciudadanos nos volvimos expertos en el noble arte de salir por piernas.

Ante un leve sosgueo, un cierre de ojo, una finta, agarramos las cositas que traemos y le ponemos Jorge al niño. Más vale que digan aquí corrió que aquí quedó.

Ha visto cómo las señoras cargan a sus niños , o los arrastran del tirante para ponerlo a salvo lo más lejos que se pueda a sí sea corriendo unas 20 cuadras.

La calle es amgosta para quienes corren hyendo de la supuesta situación de riesgo uinspirandose para después, aun resollando, contar la balacera. Así a se haya confrimado luego que se trató de un globo, una tabla o una biela

Somos expertos en el pecho a tierra por ejemplo, o ya como caigas, pero quedar tendido en el suelo, tapándose los oídos, sin movimiento. Como muertos. Cuando nos levantamos, no somos los mismos, queremos salir a espantar a la gente, pero pues sales y nadie te pela, dos días después.

Los mismos niños que antes saludaban con tremendo respeto o con sublime algegria a los soldados hoy los confrontan de frente. Les hacen muecas, simulan un saludo que se vplvió un tanto hipócrita.

Los perros que antes en su bicolor los veían pansar en un desfile militarizadoe e interminable por sus calles, dejaron de ladrarles, de hecho nunca lo hicieron. Primero por miedo, luego por hueva.

Una diputada pidió al principio que la raza de bronce y ahora de acero forjado, no se apaniqueara, otros de plano recomendaron que no se saliera a partir de determinada hora, y pues esa no era una opción.

Lo cierto es que la gente sale a la calle a toda hora ya sin ton ni son, a probarse a sí misma, a demostrarse que puede, a pagar una apuesta. Sale a divertirse a pesar de las balaceras reales, de las farsas, del desmadre.

Durante una refriega, dicese topón, o ya te llevó esa palabrota, las casas saben que pueden ser perforadas sin objeción alguna. Saben las balas que pueden hacerlo y pasan, se quedan en la sala o dan en el blanco sin el menor pudor en la recámara.

Las imágenes del ciudadano común y sonriente cuando ve una muchacha se compartían al principio de todas las cosas, alegremente, con balaceados, degollados, Cruz Roja, los servicios periciales, fuerzas federales. Hoy son un hecho cuasi cotidiano. Hay que andar con un ojo en el gato y otro en el garabato.

Las balaceras son globos que truenan en los patios, tablas que caen una sobre otra, celebraciones de una iglesia, aplausos de la muerte.

NOS VIMOS

Tus comentarios ayudarán a tus amigos y a otras personas a conocer más sobre esta noticia.