CUARTO OSCURO

NOCHES

Por: Rigoberto Hernández Guevara, 07-03-2018 .

En la línea que el silencio va trazando llega la noche. Con sus aspavientos callejeros, resplandeciente.

La noche es un pozo negro escarbado por una mano invisible, un algo que sabe sacar agua del pozo y llueve. La noche de lluvia tiene el precipitado caer de lágrimas en una ciudad desnuda, el acontecer del agua mojando los pies, los tercos zapatos que se niegan a caer.

En su contundente paso de prisa por la ciudad no hace altos en el camino, se pasa los altos y rebasa los límites de velocidad llevándose a la gente.

Un río cruza la ciudad y la arrastra a través de un valle. Escurre poca agua o ninguna en los estíos, la ciudad le debe la vida, el trabajo de parto. Se han hecho puentes grandes y pequeños para que pase la gente en su incansable andar rumbo a ninguna parte.

Es comida en una mesa de muchos una noche de esta. Es ciudad a cuestas en la gran capa de Batman rondando la fiesta, los alrededores de la casa. La noche es un camino clandestino porque tiene de aliadas todas las soledades serpenteando en las banquetas.

Hay juegos artificiales y suele haber un pequeño parque con sus focos derretidos en el aire. Los árboles se crecen al castigo y emergen de entre las nubes como gigantescos fantasmas. Es la ciudad de los árboles esta que veo.

Luego llueven parvadas de palomas con su farsa de encandiladas en el mundo de los insectos. Pinacates en el suelo, esparcidos por los carros sobre el pavimento. Las bardas son sembradíos y las casas sombras detalladas por el arte. A oscuras la calle es un misterio replegado al fondo, acechando a la gente.

En las carreteras hay luciérnagas cruzándose en el espacio imaginario de nuestro cerebro. Se maneja de continuo, se avanza a 100 kilómetros por hora y se piensa en las estrellas que se ven en todos los reflejos de la memoria.

Hay escondrijos recónditos más allá de la luz oscura de la ceguera. Se aplaca de esta manera el cuerpo y va perdiendo piso donde el suelo es parejo. La noche conserva el pellejo intacto de la ciudad sin tocarla, sin doblarla o voltearla de cabeza. Se escucha el silencio en vez de las motocicletas, de los coches y las motosierras.

A poca distancia alguien enciende un cigarrillo y te das cuenta. La calle se ha sumergido en el licor y el humo de un cigarro pervertido. Los bares y las cantinas con mujeres se llenas de clientes y bailan muy pegados, cuerpo a cuerpo sus almas perdidas.

Se han repartido el pastel de luna, la rosca de su aureola, y el ónix pastel de los amaneceres. Se han quedado a vivir en la eternidad los nocherniegos, los poetas del barrio, los pintores de brocha gorda, los demonios. No se ha tocado la oscuridad con las manos aun por si preguntas. En esta dimensión qué no se puede esperar de uno.

Uno atraviesa la pequeña estancia de la vida y en el otro lado encuentra otra vida. Bajo la sombra, tal vez desde algún anonimato, la noche se confiesa ebria de amor mientras amanece y cierran la cantina.

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